Stat Rosa Pristina Nomine, Nomina Nuda Tenemus

De la rosa original sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos.

La rosa existe en cuanto al nombre, poseemos nombres vacíos. (Las cosas existen en tanto tienen un nombre, nunca tendremos la cosa solo su nombre).

De la rosa solo nos queda el nombre.

«Hay un arte secreto que permite nombrar con palabras análogas fenómenos distintos entre sí: es el arte por el cual las cosas divinas pueden nombrarse con nombres de cosas terrenales, y así, mediante símbolos equívocos, puede decirse que Dios es león o leopardo, que la muerte es herida, el goce llama, la llama muerte, la muerte abismo, el abismo perdición, la perdición deliquio y el deliquio pasión.»[1]

Adso de Melk ya viejo, en sus últimos momentos, se ve enfrentado a la muerte y recuerda todo lo vivido, a su maestro, la abadía y a la muchacha. Se da cuenta que todo ha sido vanidad pero no se arrepiente de nada. El escrito, sus memorias, tendrán significado en tanto sean leídas por alguien mas. La abadía ya no existe, sus ruinas cubiertas por la vegetación, del que por mera suerte Adso había rescatado algunos trozos de pergaminos. Guillermo de Bakersville había muerto tan sólo unos pocos años desde que discípulo y maestro tomaran rumbos distintos. La peste habia cobrado su vida y se seguro Dios ya habia perdonado sus pecados intelectuales. La joven que alguna vez yacio junto a Adso, debió ser condenada a la hoguera aun siendo inocente del cargo de brujería. Era el rostro que mejor recordaba y sin embargo jamás supo su nombre.

«Porque además un olor de rosas emanaba de sus labios y eran bellos sus pies en las sandalias…» [2]

La hora final habia llegado, el mundo que conoció en su juventud ya no existía. Todo era en vano. De la rosa sólo nos queda su nombre aun cuando ni siquiera su nombre nos quede.

[1] y [2] El nombre de la rosa, de Umberto Eco.

4 comentarios en «Stat Rosa Pristina Nomine, Nomina Nuda Tenemus»

  1. Buscar en Revista «Casa» ( de las Américas), num.239, abril-junio, 2005, de Cuba, mi artí*****: «Porqué el nombre y porqué la rosa».

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